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miércoles, 17 de septiembre de 2014

Capítulo cinco: Seguridad

Bueno, mejor dicho; no tener miedo a matar a desconocidos. Sé que suena raro, pero juzgar a una persona sin conocerla y dictar su muerte es más cruel de lo que parece. Con estos pensamientos rondándome la cabeza, me pongo un protector bucal y el casco. Snipper me espera dentro de un ring delimitado por unas finas líneas blancas pintadas sobre el suelo.

Entro en el ring e inspiro hondo. Tres segundos después, mi cabeza se mueve hacia atrás por el impacto del puñetazo de Snipper. Sin mirarle y sin forzar un movimiento en mi cabeza, adopto una postura defensiva. Snipper me golpea las costillas doloridas de la jugarreta de hace dos noches y el aire de mis pulmones se esfuma. Sólo presa de una impotencia atroz, hago un rápido y certero golpe con el puño. Le asesto en la oreja. Recula unos instantes y le vuelvo a golpear esta vez en el hombro, sigo sin ser buena usando los puños. Veo como se tensa su otro hombro y preparo mi cuerpo para el impacto. El golpe hace que la vista se me nuble por el dolor.
Entonces lo oigo; un ligero chasquido que reverbera en mi cabeza. Algo acaba de romperse de manera incurable. Cierro los ojos preparada para dejar de respirar, pero noto como mi puño golpea algo. Abro los ojos y me encuentro con que he conectado un golpe en las costillas de Snipper. Su sorpresa sólo sirve para inyectarme tal cantidad de adrenalina en la sangre que la sensación de hace uno segundos me invade. Mis puños le golpean y otros fallan, pero mis movimientos son naturales y nada forzados.
-          Para-me quedo quieta y con esa sensación adherida al cuerpo. Me siento eufórica y a la vez aturdida- es una sorpresa tu talento innato para el combate cuerpo a cuerpo, aunque el talento no es nada sin técnica-se quita el casco y el protector bucal. Se acaricia el mentón y asiente- mañana vendrá un sargento. Se encargará de hacerte un soldado.
Así, cuando llego la hora del circuito; por una vez en mi vida, me sentí preparada para lo que fuera.

 Tengo pocos recuerdos después de esa conversación. Mientras entrené con ese sargento de nombre desconocido, mejoré mucho. Gané cierta musculatura y aprendí a batir a un enemigo superior en fuerza y en altura. Pero de lo que más me sorprendí, es de mi aguante corriendo. Esa sorpresa hizo que me habituara a salir a correr todas las mañanas, en cuanto rayaba el alba.

lunes, 15 de septiembre de 2014

Capítulo cuatro: El primer escalón

Dejo la bandeja vacía y vuelvo al destartalado almacén. Repito lo mismo de antes, hasta que me quedo sin fuerzas y tirada en el suelo.

El olor a sudor inunda el aire, y no me trae buenos recuerdos. Me levanto con un gran esfuerzo y salgo al exterior. Apoyo la cabeza contra el marco de la puerta. El cielo está parcialmente cubierto por nubes, pero las estrellas siguen siendo visibles. Me desperezo y suspiro. Tengo sueño, pero debería darme una ducha. Busco con la mirada cualquier signo de actividad en los barracones: nada. Me acomodo contra la pared y cierro los ojos.

No sé cuánto tiempo ha pasado, pero mi cerebro me obliga a despertar. Abro los ojos y veo como soldados que parecen ser de élite caminan en completo silencio. Esta vez van preparados para entrar en combate. Mi cerebro activa la alarma de peligro y mis instintos salen a la superficie. No me muevo ni un ápice. No hay mucha luz, pero los ojos humanos captan antes el movimiento que las imágenes; eso dicen. 
Intento distinguir alguna cara pero deben llevar el rostro tapado, pues sus caras son negras por completo. Parece que actúan como un escuadrón de reconocimiento de esos de las películas… Antes de poder sacar alguna conclusión, un cuchillo se instala bajo mi garganta. Una respiración serena golpea mi oreja.
-         No hagas ningún ruido-el cuchillo se afianza más cerca de mi cuello, si puede ser posible- si me has entendido asiente-asiento lentamente- ¿qué haces despierta y fuera de los barracones a esta hora?
-          Estuve entrenando y me quede dormida-por el rabillo del ojo intento hacerme una idea de su aspecto. Lleva un pasamontañas negro, equipo de radio por pinganillo y pareces que un rifle de precisión a la espalda; aunque no lo puedo asegurar-
-          ¿No esperarás que me crea algo semejante?-el cuchillo muerde mi piel y la ira empieza a bullir en mi estómago-

-          Nadie ha dicho que tengas que creerlo-ladeo la cabeza ligeramente y le miro a los ojos- vamos mátame. Lo harás de todos modos, no pueden quedar testigos-le desafío con la mirada. Mis instintos hablan por mí-
-          No pienso caer en ese truco tan viejo-cojo un puñado de tierra en mi mano-
-          Qué pena-le lanzo la tierra a los ojos y salgo corriendo. Oigo como maldice y comienza a correr detrás de mí-
Esprinto hasta el comedor y me escondo entre los electrodomésticos y la plancha. He cogido un cuchillo delgado pero bien afilado. La sangre me palpita en la cabeza y siento el corazón en la garganta. La adrenalina aumenta conforme los pasos se oyen más cerca. Me mantengo estática, hasta que entra en la cocina.

Se acerca hacia mí, pero en vez de verme me da la espalda. Agarro con fuerza el cuchillo y lo clavo en el cuello. Saco el cuchillo lleno de espesa sangre y el soldado cae con un golpe seco al suelo. No está muerto, pero otra puñalada en el otro lado del cuello acaba con su agonía.
El sonido de más pasos, hace que la adrenalina en mi sangre se dispare. Me escondo cerca de la puerta de la cocina y espero. Cuando otro soldado entra, no hago ruido. Me agacho ligeramente y le sigo hasta que descubre el cuerpo de su compañero. Coge la radio. Justo antes de informar de lo ocurrido; paso el cuchillo por su garganta horizontalmente. Oigo sus gorgoteos antes de morir, y me estremezco ante mi falta de duda.
No dejo la cocina y me oculto debajo de la plancha.Cuando el sol despunta, un soldado raso de un barracón aparece. Se encuentra con los cadáveres y me hace salir de mi escondrijo. Snipper no tarda mucho en aparecer. Me mira de arriba abajo y yo le miro con parsimonia. Sé que viene después de esa mirada, una visita al despacho del teniente. Cuando entro los ojos del teniente se estrechan hasta formar dos diminutas rendijas.

-          María Piero, pelotón número nueve-anuncia Snipper- anoche eliminó a dos intrusos en la cocina del comedor.
-          María siéntese-señala una silla sencilla de madera. Le obedezco- bien, me gustaría hacerle un par de preguntas. ¿Eran fuerzas extranjeras?
-          Hablaban español, no tuve oportunidad de oírles hablar en otro idioma; señor-aprieto con fuerza el mango del cuchillo. No pienso volver a ir desarmada-

-          Entiendo-frunce el ceño y entrelaza las manos por delante de su rostro- ¿podrías darnos algún detalle de su aspecto o manera de actuar?
-          Creo que era una patrulla de reconocimiento, aunque no puedo asegurarlo. No sé el número exacto de intrusos, pero llevaban equipamiento de ejército de tierra.  No pude ver ningún rostro, llevaban pasamontañas. No sé nada más, señor-le miro a los ojos, sin expresar nada-

-          ¿Cómo los detectaste?-se recuesta en el respaldo de su asiento-
-          Estaba durmiendo al aire libre, me desperté y uno de ellos me colocó un cuchillo en el cuello. Conseguí zafarme de él y me escondí en las cocinas del comedor. Debido a mi tamaño no me vio y le apuñale dos veces en el cuello. El segundo entro buscándole; le corté el cuello antes de que pudiera dar cuenta de la baja o de su posición; señor-pestañeo y caigo en la cuenta del aspecto que debo ofrecer. Manos llenas de sangre y cara con salpicaduras. Ni un solo rasguño y aspecto relajado. Una psicópata-

-          Gracias, puedes irte-me levanto sin tocar la silla y salgo de la habitación seguida de Snipper. Me lleva a mi barracón-
Entro en la ducha y dejo el agua correr. La sangre se va por el sumidero poco a poco, junto con mi coraza de tranquilidad. No es la primera vez que mis manos se manchan de sangre, pero esta vez no he sido presa de una ira ciega. Me visto y enfrento la mirada de Snipper.
-          Debes seguir entrenando. Esta vez practicaras el combate cuerpo a cuerpo, yo seré tu oponente- esas palabras inyectan adrenalina en mi sangre. Aprieto los puños y le sigo hasta el almacén-
He superado mi primer escalón; no tener miedo a matar.

jueves, 21 de agosto de 2014

Capítulo tres: ¡Qué se abran las puertas del infierno!

A la mañana siguiente me despierto y me incorporo movida por el miedo. Miro a mi alrededor;  todos están levantándose con pereza y un muchacho que me sacará unos siete años, se me queda mirando y se acerca sonriente.
-         Hola-me saluda y se pone enfrente mío--          Hola-respondo sin más-
-        ¿Cómo te llamas?-dice interesado-
-          Mía-le miro a los ojos. Tiene los ojos de un color castaño opaco-
-          Jaime-me tiende la mano y veo que tiene varios tatuajes-
-       … -le mantengo la mirada. Sonríe divertido- veo que todos sois más mayores que yo…-miro a mi  alrededor-
-         -Así es, llevamos varios años más que tu aquí-suspira- al menos quedamos más de la mitad de los originales;  aunque nos juntaron a dos barracones por los problemas con ciertas personas…-se queda pensando en sus  cosas cuando un chico de su misma edad le da una palmada en la espalda-
-         -Ligando tan temprano…-dice meneando la cabeza divertido- soy Sarus- sonríe-
-          Mía-poso mi mirada en él y me sorprende ver que tiene un ojo azul profundo y el otro verde oscuro-
-         -Novata, toca clase-dice Snipper desde el marco de la puerta- venga-salto de la litera y me toco las  costillas. Todavía me duelen…salgo al exterior y le sigo mientras me pregunto qué me esperará hoy- hoy te  tocan ejercicios físicos. Dentro de unas semanas os evaluarán mediante un circuito de obstáculos. Y cómo  sabrás con tu condición física no durarás mucho más-se para enfrente de una especie de almacén  destartalado- utilizarás este lugar para entrenar-abre la puerta-
-         ¿Sola?-estudio el interior del almacén. Hay un saco de arena, combas, un par de guantes, pesas…-
-          Exactamente. Te he dado más tiempo que a los demás, pero porque creo que podrías superarlo. Aunque  será el primer desafío en tu instrucción. Las cosas se volverán cada vez más complicadas-cruza los brazos y  me mira. Es más alto que yo y tiene que bajar la mirada- suerte.
-          -Gracias, señor-entro en el almacén y Snipper cierra la puerta. El interior es frío, así que me quito las botas y  hago un par de estiramientos. Tengo los pies lo suficientemente duros como para andar descalza-

Me acerco a la comba y empiezo a saltar. Primero despacio y poco a poco, con más brío. Hacía mil años que no utilizaba una comba… salteo las piernas al saltar, doble salto. Cuando mis piernas protestan, me pongo unos guantes sin dedos y me planto frente al saco de arena. Planto los pies en el suelo y comienzo a golpear con fuerza el saco. Intento hacer combinaciones pero no sé. Así que me limito a ejercitar mis brazos. Tengo poco tiempo para mejorar. Necesito aire fresco, iré a correr un rato. Me calzo y salgo del almacén. Me paso las manos por la cabeza y suspiro. Comienzo a correr por la misma ruta que hoy hemos hecho con Snipper. Me falta el aliento y más de una ocasión pienso en rendirme; pero tengo que superar esto. Cuando vuelvo al almacén el sol está escondiéndose. Hora de comer.
El comedor está plagado de gente y el olor a comida recién hecha, golpea mis fosas nasales. Cojo una bandeja y me acerco a la cola. Esta vez no tengo que esperar mucho. Cuando me siento, uno de los chicos de mi nuevo barracón se sienta enfrente de mí.
-          Hola Mía-sonríe y arranca un pedazo a su mendrugo de pan-
-          Tú eras…-no consigo recordar su nombre, aunque tampoco me moleste en escucharle cuando me habló-
-         Sarus-mastica parte de su cena- no eres especialmente sociable, ¿no crees?
-       Tampoco es que me importe mucho ser sociable, después de todo están formando soldados-suspiro. La  comida repentinamente me sabe a papel-
-          Ya veo que “la comida papel” ha hecho su aparición-se ríe divertido- ocurre siempre al principio. Con el  tiempo te acostumbrarás a esta comida tan insípida-coge su bandeja y se levanta- nos vemos.
Se aleja y deja el comedor. Paseo la mirada por el lugar, absorbiendo cualquier información valiosa. Veo a Snipper y sus colegas comer en una mesa apartada de los demás. No sé porqué, pero tengo la sensación de que no son soldados corrientes. Siempre van con sus armas al hombro o cerca, y jamás los he visto sin esas radios. El otro chico del barracón capta la dirección de mi mirada y sonríe.
-          Son soldados de élite. Luchan a un nivel distinto de cualquier soldado; valen por diez soldados normales.
-Con que soldados de élite…- en ese momento descubrí que ponerse metas, es tan sencillo como soñar-
 Mi meta será convertirme en soldado de élite, pero antes debo sobrevivir al adiestramiento. Y eso no va a ser tan fácil, ni siquiera con más tiempo para entrenar.

sábado, 7 de junio de 2014

Capítulo dos: El duro golpe de la realidad

Entramos en fila a la enfermería y la primera soy yo. Me cortan el pelo con máquina, ahora parezco un hombre sobre todo por mi mandíbula un tanto marcada. Cuando entra Luz, sale con la cabeza rapada excesivamente. Al resto les cortan el pelo al estilo militar de las películas y a Paula le cortan el pelo igual que a mí.Luego nos guían a nuestras literas, no nos separan por sexo; pero no me importa lo más mínimo. Nos dan el uniforme y bastante ropa de tonos verdosos. Mientras me acomodo en un litera de arriba veo como debajo de mí se pone Luz y en la litera de arriba justo a mi derecha se coloca Al.Me tumbo y una idea cruza mi mente. Miro por una de las diminutas ventanas que hay cerca de mí y observo como un pelotón corre, luego un poco más allá; hay otro pelotón practicando el combate cuerpo a cuerpo… Snipper camina hacia un grupo que supongo serán de los de mayor rango, pues se han dejado crecer el pelo un tanto. Algunos de ellos cargan armas de gran calibre, pero lo que más veo son rifles con mira de francotirador.

Salto de la litera decidida y me cambio sin reparar en los demás; cuando estoy lista salgo andando con calma. Observo todo, pues desde pequeña mi padre me enseño que en tiempos de necesidad es mejor estar atento y estudiar todo a tu alrededor; quién sabe cuando tendrías que huir o pelear por tu vida. Camino sin prisas y evitando entrar en el camino de cualquier persona. Cuando paso cerca de lo que parece la cafetería el olor a café me golpea. De pequeña me gustaba ese olor, pero ahora no puedo soportarlo. Olía a café cuando asesinaron a mi familia… aprieto los puños, y me obligo a olvidarme de ello. Vuelvo sobre mis pasos, cavilando si podré aguantar un entrenamiento como el que estoy viendo. Seguramente no, pero desde hace seis meses me las he apañado para sobrevivir por mi cuenta; encontraré la manera de superar esto.Unos pasos a mi espalda me hacen girarme con un rápido giro sobre mis talones. Snipper me mira con soberbia.- ¿Qué haces fuera de tu barrancón, novata?-dice molesto-- Estaba viendo que había por los alrededores-trago saliva instintivamente, nunca me han gustado las personas intimidantes; pero tampoco me gusta sentir miedo a ser golpeada o reprendida-- Bien, en ese caso sabrás que no debes estar holgazaneando por ahí-suspira irritado y luego me señala mi barracón- mejor métete allí, novata. Y espero que no des problemas…-le oigo murmurar de nuevo mientras le doy la espalda siguiendo sus órdenes-
Cuando llego al barracón, me subo a mi litera dándole vueltas a los murmullos de Snipper. No puedo decir si son de hastío o simplemente que estaba hablando consigo mismo. Un hombre de unos treinta años aparece al poco con la cara tensa y nos hace salir del barracón. Le obedecemos, aunque una parte de mi cabeza me grita que me aleje de él; tiene una mirada despiadada. Nos grita que nos coloquemos en fila frente a la puerta del barracón; nos colocamos y empieza a pasar revista. Esta situación me recuerda a cuando fui elegida hará pocas horas. Siento como si fuera a empezar a vivir una pesadilla continúa, de nuevo.-          - María-grita mi nombre con tanta fuerza que doy un ligero respingo antes de depositar mis ojos en él-
-          - Sí-me lanza una mirada sorprendida y comienza a reírse-
-         -  Cada vez llegan mujeres menos intimidantes-se enjuga una lágrima y le lanzo una mirada asesina, sin poder evitarlo. El hombre ladea la cabeza como si hubiera visto algo por tan poco tiempo que no puede estar seguro de que ha pasado-  sigamos…-me lanza una mirada de soslayo antes de seguir nombrando gente. Me encierro en mi mente y llego a la conclusión de que demostrar que no soy una chica escuchimizada y llorona; puede ser mi mejor opción… pero he sido así casi toda mi vida. Suspiro, determinada a superar cualquier desafío- bien, todos estáis aquí. Lo primero que vamos a hacer es enseñaros a mantener vuestra cama hecha propiamente y a estar preparados para cualquier situación.
Entramos en el barracón y nos enseña una sola vez como quiere que hagamos la cama. Mientras lo hacía he observado cada minúsculo detalle, y lo he memorizado; espero que estos tres años limpiando casa ajenas para ganarme la vida sirvan de algo…
Comienzo a quitarle las arrugas a la cama, luego y con una agilidad que me sorprende incluso a mí; doblo las sábanas y coloco la manta encima. Todo está perfectamente colocado y sin una sola arruga. Me coloco con la espalda estirada frente a la base de la litera, sin mediar palabra con nadie. Snipper entra en el barracón y observa desde el marco de la puerta cómo hacemos las cosas. Le miro fijamente a los ojos por un instante, antes de fruncir el ceño al notar como el hombre de treinta años manosea mi cama.-         -  Hm… no está mal-asiente con la cabeza y deshace la cama con una facilidad irritante- vuelve a hacerla. Repetirás el mismo proceso hasta que te diga que pares-sonrío divertida ante su petición- ¿de quién te crees que te estás riendo?
-         -  No me estoy riendo-le miro con seriedad-
-         -  Cuando te refieras a alguien superior que tú, llámale señor-me lanza un mirada bastante amenazadora-
-         -  No me estoy riendo, señor-reculo un poco mis intenciones-
-         - ¡Pues empieza a hacer esa maldita cama de nuevo!-me grita tres centímetros de mi cara-
-         - Sí, señor-le lanzo un mirada de desagrado y comienzo a hacer la cama. Me sale igual de perfecta que antes-
-         - Hazla otra vez-la vuelve a deshacer-
-         - Sí, señor-la vuelvo a hacer, esta vez más rápido-
-         - Otra vez-la deshace-
Y así durante casi una hora. Cuando se cansó, decidí que cualquier superior iría a martirizarme psicológicamente; pues quitando a Luz de la ecuación, soy la más débil físicamente. Le lancé una mirada llena de rencor y me obligué a voltear la mirada al frente justo cuando comenzó a percatarse de que le estaba mirando.Vuelve a hacer la misma cara que cuando pasó revista y me asesta una bofetada, que hace que me tambalee intentando no perder el equilibrio. Me toco la mejilla y suspiro irritada. Cuando vuelve a levantar la mano para golpearme, Snipper le para a medio camino. Le miro seria, intentado disimular mi asombro.-          - Springfield, no debes cebarte con las enclenques-Snipper le asesta un puñetazo- porque todos podemos contra alguien mucho más débil.
-          - Sí, señor-Springfield asiente apretándose la mandíbula-
-          - Tú-me señala con el dedo- tienes derecho a un golpe en la cara. No te contengas-frunzo los labios y miro a Springfield agachándose un tanto para que llegue perfectamente a su cara. Abro los dedos y los cierro, antes de golpearle como golpeé a aquellos que intentaron robarme cuando vivía en la calle. Noto como me crujen los huesos y una sonrisa de satisfacción surge en mis labios-
-          - Ah…-se aleja de mí y puedo ver la marca de mis nudillos en su cara- eso ha sido un buen golpe-me mira sorprendido-
-         -  Bueno, por ahora podéis ir a la cafetería a cenar. Tenéis una hora y media, no os demoréis mucho-asiento en silencio y camino fuera del barracón-
Noto la mejilla hinchada, pero intento no hacerle mucho caso. Cuando llego a la cafetería hay una cola enorme. Cojo una bandeja y empiezo a hacer cola, armada de toda mi paciencia. Al cabo de cuarenta y cinco minutos no me he movido del sitio. Así que usando lo que aprendí robando en las calles, me cuelo entre las personas de la cola hasta ponerme en el siguiente puesto. Me sirven la comida y me siento en el primer lugar libre que veo. Como con rapidez pero sin llenarme el estómago de mala manera. Cuando termino salgo de la cafetería y voy al barracón. Me coloco al lado de mi litera con tranquilidad y espero hasta que Snipper aparece de nuevo. Cuando aparece soy la única que está dentro. Vuelve a murmurar algo y me obliga a salir del barracón. Cuando salgo fuera, veo que el resto está todavía masticando o cosas por el estilo. Snipper se cruje el cuello con toda la naturalidad de mundo y al hacerlo me fijo en que suspira repetidas veces. Entonces nos mira y con expresión desanimada; nos dice que vamos a ir a correr un rato.Mierda. Nunca he sido buena corriendo. Comenzamos a un trote generoso, que pronto acaba con mis fuerzas; pero me niego a parar. Estos seis años de robar y todo lo demás sólo ha hecho que aprenda a hacer sprint, jamás he corrido más de diez minutos seguidos. Cuando nos hace subir por una colina, comienzo a quedarme atrás; pero no demasiado. Me motivo a mí misma pensando en la ducha que podré darme después de esto.

Sin saber muy bien cómo, consigo terminar el recorrido sin parar ni una vez. Aunque ahora me falta el aliento, siento como si los pulmones me ardieran. Snipper se acerca y cuando veo como levanta la mano, me escurro hacia su izquierda sin pararme a pensar. Me mira a los ojos antes de enseñarme una compresa fría para mi mejilla.-          - Gracias, señor-cojo la compresa y me apresa por la muñeca-
-          - Si hubiera ido a golpearte, te hubiera golpeado más veces por apartarte. ¿Por qué lo has hecho?-entrecierra los ojos, escrutando mi cara-
-          - He actuado sin pensar, señor-jadeo, todavía falta de aliento- no se volverá a repetir, señor-me suelta la muñeca, y se aleja haciendo su característico murmullo-
Voy a la duchas y me ducho frotándome con fuerza la cabeza para quitarme la sensación de picor, de después del corte de pelo. Me pongo unos pantalones de camuflaje y una camiseta de tirantes verde oscura. Luego coloco la compresa fría en mi mejilla, ahora me duele mucho menos; pero se ha tornado de un color morado oscuro. Me paso la mano por el pelo y me miro en uno de los diminutos espejos del baño. Tengo hinchada la mejilla y unos de mi ojos color miel está parcialmente tapado por el hinchazón… suspiro y me voy a mi cama. Mañana espero que sea un día mejor.

viernes, 6 de junio de 2014

Capítulo uno: Presentaciones

El traqueteo y los movimientos de la furgoneta me hacen pensar que hace poco hubo un bombardeo en esta zona. La niña se ha quedado durmiendo aferrada a mi mano, las lágrimas fluyen silenciosas por su carita. Un frenazo en seco hace que todos nos removamos nerviosos. En el fondo, veo a una chica de unos veintitantos años abrazando a un chico de su misma edad; junto a ellos hay un pequeño grupo de bravucones un poco menores que yo y justo enfrente de mí un chico de mi edad, que me escruta con una expresión triste. Hago una sombra de sonrisa y despierto a la niña. Esta me mira asustada y le atuso un poco el pelo; cuando nos hacen salir del maletero.
Al salir veo varias casetas hechas con antiguos contenedores de mercancías y muchas pistas de entrenamiento distintas. Nadie de los que hemos llegado tiene más de treinta y cinco años. Nos hacen formar en fila de dos y andar a buen ritmo hacia una explanada carente de vegetación. Un chico de unos dieciocho años, de pelo corto y expresión rígida; sale a recibirnos. Le miro directamente a los ojos mientras los demás se acobardan. Se pone recto y dice con voz clara y firme:
Bienvenidos al campo de reclutamiento del norte. Aquí os convertiremos en soldados de provecho para la guerra; sin importar vuestra edad o habilidades. Mi nombre es Snipper. Conforme os vaya señalando debéis decir vuestro nombre-se acerca a mí y me señala con el dedo índice- nombre-exige- Mía-digo sin pensármelo dos veces. Snipper es el nombre de un arma, además mi madre siempre me llamaba Mía de María....--   Tú-señala a la niña pequeña-- Me llamo Luz-la niña se esconde asustada detrás de mí-- Siguiente-señala al chico de mi edad-  Al-dice serio-          - Siguiente-la pareja de chicos más mayores-- Sam y Paula-dice el chico serio-- Vosotros-señala a los farrucos-- Alex y Javi-dicen molestos- - Bien, sois el pelotón número nueve. Ahora os llevaremos a la enfermería a que os corten el pelo-se gira y camina hacia una caseta de madera baja y color arena- vamos-se me queda mirando un buen rato, murmura algo con cara de desagrado y me da la espalda-



viernes, 2 de mayo de 2014

Epílogo: Pesadilla

Un sudor frío me recorre la espalda cuando mi nombre se escucha en los altavoces del la sala. Dos hombres uniformados salen a mi encuentro y no puedo escuchar nada más que los latidos de mi corazón.  
He sido seleccionada… para ir a morir. Varias manos me obligan a levantarme y andar a trompicones entre las numerosas sillas plegables de la sala. Doy un traspié y no me da tiempo a volver a levantarme; por lo que me arrastran el resto del tiempo. 
Estamos en guerra y los soldados son seleccionados al azar por una urna que contiene todos los nombres de los habitantes de España. Ha estallado la tercera guerra mundial y nuestras fuerzas militares han sido completamente diezmadas. Nuestro gobierno ha caído en manos de un dictador loco, que sólo busca la victoria sin importar los medios para conseguirla.Yo voy a ser internada en el campo de reclutamiento del norte, el que suele exportar batallones a otros países. Todos los países del mar Mediterráneo se han convertido en formadores de batallones.Cavilo inexpresiva cuando choco con alguien al caer en la parte trasera de una furgoneta militar. Es una niña de unos diez años, esto es inhumano. Le agarro la mano mientras me fuerzo a sonreír; ella comienza a sollozar mientras estrecha con fuerza mi mano. 
Oigo como cierran las puertas y se enciende el motor. No hay vuelta atrás, la pesadilla comienza.