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lunes, 15 de septiembre de 2014

Capítulo cuatro: El primer escalón

Dejo la bandeja vacía y vuelvo al destartalado almacén. Repito lo mismo de antes, hasta que me quedo sin fuerzas y tirada en el suelo.

El olor a sudor inunda el aire, y no me trae buenos recuerdos. Me levanto con un gran esfuerzo y salgo al exterior. Apoyo la cabeza contra el marco de la puerta. El cielo está parcialmente cubierto por nubes, pero las estrellas siguen siendo visibles. Me desperezo y suspiro. Tengo sueño, pero debería darme una ducha. Busco con la mirada cualquier signo de actividad en los barracones: nada. Me acomodo contra la pared y cierro los ojos.

No sé cuánto tiempo ha pasado, pero mi cerebro me obliga a despertar. Abro los ojos y veo como soldados que parecen ser de élite caminan en completo silencio. Esta vez van preparados para entrar en combate. Mi cerebro activa la alarma de peligro y mis instintos salen a la superficie. No me muevo ni un ápice. No hay mucha luz, pero los ojos humanos captan antes el movimiento que las imágenes; eso dicen. 
Intento distinguir alguna cara pero deben llevar el rostro tapado, pues sus caras son negras por completo. Parece que actúan como un escuadrón de reconocimiento de esos de las películas… Antes de poder sacar alguna conclusión, un cuchillo se instala bajo mi garganta. Una respiración serena golpea mi oreja.
-         No hagas ningún ruido-el cuchillo se afianza más cerca de mi cuello, si puede ser posible- si me has entendido asiente-asiento lentamente- ¿qué haces despierta y fuera de los barracones a esta hora?
-          Estuve entrenando y me quede dormida-por el rabillo del ojo intento hacerme una idea de su aspecto. Lleva un pasamontañas negro, equipo de radio por pinganillo y pareces que un rifle de precisión a la espalda; aunque no lo puedo asegurar-
-          ¿No esperarás que me crea algo semejante?-el cuchillo muerde mi piel y la ira empieza a bullir en mi estómago-

-          Nadie ha dicho que tengas que creerlo-ladeo la cabeza ligeramente y le miro a los ojos- vamos mátame. Lo harás de todos modos, no pueden quedar testigos-le desafío con la mirada. Mis instintos hablan por mí-
-          No pienso caer en ese truco tan viejo-cojo un puñado de tierra en mi mano-
-          Qué pena-le lanzo la tierra a los ojos y salgo corriendo. Oigo como maldice y comienza a correr detrás de mí-
Esprinto hasta el comedor y me escondo entre los electrodomésticos y la plancha. He cogido un cuchillo delgado pero bien afilado. La sangre me palpita en la cabeza y siento el corazón en la garganta. La adrenalina aumenta conforme los pasos se oyen más cerca. Me mantengo estática, hasta que entra en la cocina.

Se acerca hacia mí, pero en vez de verme me da la espalda. Agarro con fuerza el cuchillo y lo clavo en el cuello. Saco el cuchillo lleno de espesa sangre y el soldado cae con un golpe seco al suelo. No está muerto, pero otra puñalada en el otro lado del cuello acaba con su agonía.
El sonido de más pasos, hace que la adrenalina en mi sangre se dispare. Me escondo cerca de la puerta de la cocina y espero. Cuando otro soldado entra, no hago ruido. Me agacho ligeramente y le sigo hasta que descubre el cuerpo de su compañero. Coge la radio. Justo antes de informar de lo ocurrido; paso el cuchillo por su garganta horizontalmente. Oigo sus gorgoteos antes de morir, y me estremezco ante mi falta de duda.
No dejo la cocina y me oculto debajo de la plancha.Cuando el sol despunta, un soldado raso de un barracón aparece. Se encuentra con los cadáveres y me hace salir de mi escondrijo. Snipper no tarda mucho en aparecer. Me mira de arriba abajo y yo le miro con parsimonia. Sé que viene después de esa mirada, una visita al despacho del teniente. Cuando entro los ojos del teniente se estrechan hasta formar dos diminutas rendijas.

-          María Piero, pelotón número nueve-anuncia Snipper- anoche eliminó a dos intrusos en la cocina del comedor.
-          María siéntese-señala una silla sencilla de madera. Le obedezco- bien, me gustaría hacerle un par de preguntas. ¿Eran fuerzas extranjeras?
-          Hablaban español, no tuve oportunidad de oírles hablar en otro idioma; señor-aprieto con fuerza el mango del cuchillo. No pienso volver a ir desarmada-

-          Entiendo-frunce el ceño y entrelaza las manos por delante de su rostro- ¿podrías darnos algún detalle de su aspecto o manera de actuar?
-          Creo que era una patrulla de reconocimiento, aunque no puedo asegurarlo. No sé el número exacto de intrusos, pero llevaban equipamiento de ejército de tierra.  No pude ver ningún rostro, llevaban pasamontañas. No sé nada más, señor-le miro a los ojos, sin expresar nada-

-          ¿Cómo los detectaste?-se recuesta en el respaldo de su asiento-
-          Estaba durmiendo al aire libre, me desperté y uno de ellos me colocó un cuchillo en el cuello. Conseguí zafarme de él y me escondí en las cocinas del comedor. Debido a mi tamaño no me vio y le apuñale dos veces en el cuello. El segundo entro buscándole; le corté el cuello antes de que pudiera dar cuenta de la baja o de su posición; señor-pestañeo y caigo en la cuenta del aspecto que debo ofrecer. Manos llenas de sangre y cara con salpicaduras. Ni un solo rasguño y aspecto relajado. Una psicópata-

-          Gracias, puedes irte-me levanto sin tocar la silla y salgo de la habitación seguida de Snipper. Me lleva a mi barracón-
Entro en la ducha y dejo el agua correr. La sangre se va por el sumidero poco a poco, junto con mi coraza de tranquilidad. No es la primera vez que mis manos se manchan de sangre, pero esta vez no he sido presa de una ira ciega. Me visto y enfrento la mirada de Snipper.
-          Debes seguir entrenando. Esta vez practicaras el combate cuerpo a cuerpo, yo seré tu oponente- esas palabras inyectan adrenalina en mi sangre. Aprieto los puños y le sigo hasta el almacén-
He superado mi primer escalón; no tener miedo a matar.

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