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viernes, 2 de octubre de 2015

Capítulo diez: Primera misión II

La comida de este lugar es bastante mejor de lo que he estado comiendo estos últimos años. Tanto Caleb como su contacto hablan sobre información seguramente confidencial. Nada interesante.
Mientras espero al camarero inspecciono el lugar en busca de algo que llame mi atención. Bingo. Hombre trajeado y con unas manos llenas de cicatrices antiguas, apoyado en la barra haciendo un barrido de la sala.

Me levanto de mi asiento y me acerco al hombre sin muchos miramientos. Me recorre con la mirada y me sonríe educadamente.
- Buenas noches-hago una ligera inclinación con la cabeza-
- Buenas noches-me acomodo a su lado y pido algo de beber-
- Le recomiendo la ginebra con limón, señorita-alzo una ceja-
- ¿Ginebra? No gracias, no me gusta el alcohol-sonrío- ¿algo interesante, Delta?-esta vez me mira sorprendido-
- ¿Reaper?-asiento-
- No parece haber ningún tipo de amenaza, al menos a simple vista-le miro a los ojos. Son azules profundo-
- Yo tampoco he visto nada mencionable-me apoyo en la barra y sonrío cuando me traen la tarrina de helado de fresa-
- ¿Helado?-asiento y degusto con añoranza la tarrina-
- Helado. Iré a la azotea a encargarme del punto de extracción. Empieza tu turno, Delta-me despido de Caleb con un movimiento de la cabeza y salgo del restaurante-


Pese a las órdenes de Caleb, pedi expresamente mediante un telegrama que Delta me trajese mi rifle. Siete balas por cargador y un alcance de 2.000 metros. Una maravilla matando.


Me coloco en posición y estudio la zona.


Las horas pasan sin movimiento de ninguna de las partes, hasta que veo como un francotirador se aposta en la azotea de un edificio cercano. Cambio de posición y apunto a su cabeza. Acompaso mi respiración con el disparo y... muerto.
Caleb y la morena ya han realizado la operación de intercambio. Delta desaparece con la morena y Caleb monta en el coche con Alfa. Todo ha salido.... un momento.

Miro por la mirilla y veo a un pequeño grupo de militares caminando entre los escombros. Van bien armados y se diriguen al hotel.
Mierda, Caleb va para allá y no tengo modo de ponerme en contacto con él.

Vuelvo a mirar por la mira y cuento el grupo. Seis. Sólo tengo cinco balas más... Habrá que hacerlo por el retrasado éste.
Uno por uno lo voy eliminando. En una esquina, en un cruce, en una ventana. tras un trozo de azotea, frente a una tienda consigo acertar a dos de ellos cuando hablan entre ellos.

Me levanto y guardo el rifle. Noto como una bala impacta contra la pared, rozandome la frente. Casi. Pongo cuerpo a tierra y me cambio de ropa en el momento. Esto se está saliendo de madre.

jueves, 24 de septiembre de 2015

Capítulo nueve: Primera misión

Tras ver cómo va a ser mi habitación, compuesta por una cama y una mesa pequeña, me llaman al despacho de mi superior de unidad.
El lugar el silencioso y tranquilo, lo que significa que una tormenta anda cerca. Paro frente a la puerta del coronel y toco con los nudillos a la puerta.
- Pase-la voz del interior es joven y masculina. Agarro el pomo y entro en el despacho. Lo primero que veo es el arma sobre la mesa y un pasaporte negro- Sientese-obedezco sin mediar palabra- Le he hecho llamar porque tenemos una misión para usted-me tiende una carpeta- estas son sus instrucciones-abro la carpeta y ojeo su interior- iremos a Austria. Hay una zona de conflicto y necesito alguien que vigile una conferencia personal-asiento- ¿algún problema?
- No señor, lo único que no está escrito es que tipo de arma podré usar-asiente lentamente antes de suspirar-
- No le permitiré usar armas hasta que un psicólogo le haga un chequeo. Su historial tiene muchas lagunas y podría asegurar que sufrió una violación, según palabras de Simon-asiento impasible. Ya me da igual todo-
- De acuerdo, entonces si no necesita nada más-me levanto-
- Búsquese algo de ropa femenina. Esta misión requiere que nadie sepa de nuestras intenciones y estatus-asiento y salgo del despacho-

Pregunto a una secretaria cercana donde puedo encontrar ropa mas femenina que lo que llevo puesto. Ella me sonríe divertida, pese a que lo he dicho con seriedad. Me recomienda una tienda que lleva una sargento, suelen vender ropa bastante femenina.
Siguiendo sus indicaciones llego a un pueblo cercano. Me sorprende el estado del pueblo, las ruinas no cubren las calles y tampoco hay ratas por las calles. Suspiro nostálgica y observo el escaparate de la tienda que me ha dicho la secretaria. No mentía, es ropa muy femenina... pero no sé si podré esconder algo en ese tipo de ropa.
Entro en la tienda y me acerco a la caja.
- Hola, querría comprar algo de ropa. ¿Qué crees que puede quedarme bien?-la pregunta pilla por sorpresa a la chica que está tras la caja-
- ¿No sabe que podría gustarle?-niego y oigo pasos con tacones a mi espalda. Me giro y me encuentro con la sargento, se nota a lo lejos su instrucción militar-
- ¿Qué ocurre?-posa su mirada en mí y noto algo frío caerme por la espalda. ¿Sudor frío?-oh, asique te envían a comprarte algo que no deje tan claro que eres militar pero no piensan que vas rapada-rueda los ojos y sonrío-
- Siempre puedo llevar peluca, señora-la última palabra me ha salido fría. Me lanza una mirada molesta y asiente sin ganas-
- Sí, lo primero es buscarte algo que te quede bien. Pasa a un probador y ponte la ropa que te lleve. Dudo mucho que sepas sobre moda femenina-camino hasta el probador y me quedo en ropa interior- toma este sujetador, te hará falta para no parecer una prostituta-cojo el sujetador y tras mucho tiempo, vuelvo a notar el pecho sujeto. Casi olvido lo que es ésta sensación-

Tras varios intentos fallidos debido a mis caderas estrechas y cintura más estrecha aún, encuentro algo que me queda bien. Es un vestido ajustado y por la mitad del muslo. La coronel se sorprende al verme salir con el vestido puesto.
- Esto si que es una sorpresa, creo que hemos encontrado algo que te hace parecer mujer-le lanzo una mirada con desdén-
- Puede guardarse su sarcasmo para quién lo quiera, señora-escojo unos zapatos y me los pongo. Pese a que me faltan dedos no voy incómoda- me llevo todo esto-pago y salgo de la tienda-



Paso de nuevo frente al despacho y toco a la puerta. Entro sin esperar una respuesta y le enseño la ropa.
- ¿Le parece suficientemente femenina?-asiente un tanto desconcertado con mi pregunta-
- Saldremos esta noche hacia allá en avión. Preparé una bolsa para dos días, Mía-asiento y salgo-

En mi habitación encuentro algo de ropa sencilla pero de mujer. Lo meto en la bolsa negra de viaje y me doy una ducha.
A la hora acordada me dirijo hacia el avión. La ropa de mujer hace que parezca otra persona y no me equivoco al pensar en ello. Después de todo si que he cambiado, y creo que a peor. Monto en el avion y me siento frente al sargento.
- Veo que te han dado algo de tu talla-asiento- durante la misión nada de tratamientos en tercera persona y por favor, llámame Caleb-miro por la ventana aburrida-
- Llámame Mía, nada de órdenes-cierro los ojos y me preparo para dormir-


Despierto por un zarandeo. Caleb me despierta, hemos llegado. Me desperezo, agarro mi bolsa y salgo del avión. La ciudad alrededor del aeropuerto en el que estamos, es identica a lo que recuerdo de mi hogar. Bostezo y sigo a Caleb que habla de cosas que no me importan.
Al adentrarnos en la ciudad un niño se choca contra Caleb para luego irse, aunque lo paro a medio camino.
- Dame la cartera-el niño me mira asustado- te he visto cogérsela del bolsillo derecho del pantalón. Dámela-repito impasible. El niño me da la cartera y sale corriendo-
- Buenos ojos...-asiento y seguimos andando-

Como estoy acostumbrada a los escombros camino con tranquilidad, Caleb lo tiene un poco más complicado.
- Entonces...-me giro y veo que se pone a mi altura a duras penas- ¿a dónde vamos?
- A cenar, pero antes iremos a nuestro hotel-asiento y dejo que guie el camino-
- ¿Es un edificio cómodo?-asiente- mejor.

Tras dejar nuestras cosas y cambiarme, vamos a cenar. El restaurante el subterráneo y sólo se puede entrar con entrada pagada de antemano. Caleb se encarga de eso. Su contacto es una mujer voluptuosa y de pelo azabache. Cuando me mira puedo notar incomodidad, asique ceno ignorándola. Parece que la noche va a ser larga.

miércoles, 26 de agosto de 2015

Capítulo ocho: Élite

Despierto por el sonido de botas. Ayer no había apenas nadie en el barracón, pero ahora hay diez tíos enormes tirando sus cosas al suelo sin miramientos.
Me deslizo sigilosamente fuera de la litera y me escondo en las sombras en un rincón. Parece que nadie nota mi presencia, hasta que un cañón de pistola se coloca en mi sien. Aguanto la respiración un segundo antes de agarrar el arma y apuntar al dueño. Es un hombre grande con una cicatriz en la cara, sonríe y golpea la pared llamando la atención de todos.
- Pero si es la novata que consiguió dar a la lata...-los murmullos recorren la habitación- como no me lo creo y mentir esta muy feo, te mereces un castigo.
Me golpean la nuca y pierdo la consciencia.
Cuando vuelvo en mí, estoy atada a una silla y con un saco en la cabeza. Huele a orina y sangre mezclada. Puaj. Cierro los ojos y me quedo inmóvil.
Al cabo de un rato me quitan el saco de la cabeza. Aparece el hombre de la cicatriz con unas tenazas y una sonrisa malévola.
Tras la primera hora de tortura, dejo de gritar. ¿Para qué? Nadie me estará escuchando. El marcado me mira con el ceño fruncido
- ¿Ya no tienes fuerzas para gritar? -me agarra del pelo y me obliga a mirarlo a los ojos-
- Cierra la boca -le escupo en el ojo mi sangre. Maldice furioso y me golpea repetidamente en la cara- que poco original...
- Puta loca - me golpea de nuevo. La visión me titila, veo un trozo de metal y usando mi peso me dejo caer con la silla. Agarro el trozo de metal y espero a que me levante- ¿ves como no eres tan dura?
- ¿Tu crees? -alzó la ceja y sonrío indiferente. Me he soltado y me abalanzo sobre el con fiereza-
Justo antes de que el trozo de metal se hunda en su ojo, me separan de él.
Veo a Snipper gritarle algo para luego mirarme, más que impresionado.
- No podemos contigo, Mía. Esto era una simulación de tortura. Aunque se le fue de las manos -mira mi pie con dos dedos de menos y las uñas del suelo. También hay una muela y un trozo de oreja-
- Ya lo veo -me incorporo como puedo y escupo sangre. Miro a Snipper a los ojos y le fulmino- ¿alguna otra sorpresiva, señor?
- No, recluta -recula y se cuadra. Otro soldado me guía a la enfermería-
Al llegar allí, me dejan en una habitación aislada y completamente sola. Aprovecho la oportunidad para esconder el trozo de metal que he usado en la tortura. Lo coloco tras un hueco en la pared. Espero a que venga alguien, pero no parece que vaya a suceder. Me levanto e inspecciono el hueco de la muela. Era una del fondo, podría haber sido peor. Mi pie no tiene mucho remedio y mis manos es tiempo. Palpo mi nariz y los pómulos. Nada roto, creo.
Me curo como puedo las heridas y me vendo yo sola. ¿Esto también será parte del entrenamiento? Salgo de la habitación tras un par de horas y me encuentro con los médicos aterrorizados en la puerta. Frunzo el ceño y se apartan.
- De ahora en adelante se encargará de usted el cuartel general -quien parece un cirujano habla con voz algo temblorosa -
- De acuerdo. ¿Podrían darme aspirinas? Me duele la cabeza de tanto golpe -me tiende un bote instantáneamente- gracias.
Entro de nuevo en la habitación y me tomo las aspirinas con algo de agua. Espero tirada en la cama a que venga alguien. Pasan varios días hasta que oigo indicios de vida tras la puerta.
- Buenos días- Snipper entra en la habitación y me examina con un respeto que antes no me tenia- te han tratado bien.
- No se atrevieron a entrar en la habitación - me levanto y extiendo la mano- mi ropa, señor.
- Aquí tienes -frunzo el ceño ante la falta de tercera persona pero me cambio rápido de ropa. Las botas las siento extrañas pero no le doy más importancia- de ahora en adelante nos haremos cargo de ti, junto con Nick, el otro recluta que paso la prueba- le miro vacía y friamente- acompañame.
Salimos de la habitación y me encuentro con el demacrado pelinegro. Tiene un parche sobre un ojo morado casi cerrado. Le falta un meñique y parece respirar con dificultad. Nuestras miradas se cruzan y le sonrío ligeramente. Me responde con una sonrisa rota.
- Habéis pasado la prueba, ya podéis convertiros en verdaderos soldados de elite. Sentiros orgullosos- miro a Snipper con indiferencia y sigo caminando impasible- habeis llegado a unos de los mejores cuerpos del ejército. Os felicito-Nick mira a Snipper y asiente lentamente sin llegar a romper contacto visual- Podéis elegir vuestros nombres en clave.
- Yo me quedare con Nick-su voz suena rota y desgastada. Snipper asiente conforme-
- Ya me dieron un nombre en clave, Miedo-Snipper frunze el ceño y clavo mi mirada en sus ojos- ¿algun problema, señor?
- No, ninguno.
Un camión nos trasladó a una zona fantasma, no aparece en los mapas y supuestamente no existe.
Nada más bajar del camión el olor a sangre y pólvora me inunda. Nick me mira y asiente. Vamos allá.

miércoles, 3 de junio de 2015

Capítulo siete: Bienvenida a la Mira

Me desperezo en silencio y salgo de la litera. Desde hace un par de semanas nos han ido llamando uno a uno para asignarnos a distintos barracones especializados. A Luz la llevaron al barracon de artillería pesada.
Por ahora solo quedamos dos. Es un chico aunque no me acuerdo del nombre. Me ducho rápido y me visto con el uniforme. En estos días el rumor de lo que ocurrío con el examinador se ha extendido como la pólvora. No hay nadie que no haya oido hablar de la novata asesina. Sí, muy original de su parte.

Salimos fuera del barracón y esperamos a Snipper. Me recuesto contra la pared y me paso la mano por la cabeza. Ha empezado a a crecerme el pelo de nuevo.
- Buenos días novatos-Snipper aparece con la cara distraíada e iracunda. Frunzo el ceño y señala al chico- Tú, al barracón de paracas
- Sí, señor-se aleja casi corriendo. Snipper me mira de arriba abajo y comienza a murmurar muy cabreado. Me cruzo de brazos y ruedo los ojos-
-Señor, creo que iré a infantería-Snipper suelta una carcajada seca y niega con la cabeza-
-Te tienen demasiado miedo como para dejar que mates a algún compañero-suspira asqueado- irás a los francotiradores-asiento lentamente-
-Sí, señor-me alejo del barracón y me pierdo en las pistas de entrenamiento-

Por lo que nos dijeron al llegar aquí, tiene que estar sobre una colina pasando las pistas de entramiento de los paracas. Veo la colina y me dirijo hacia allá.
Nada más acercarme, me paro en el sitio. El barracón está camuflado y sólo veo dos personas; un muchacho moreno limpiando minuciosamente un rifle y una muchacha pelirroja jugando con una bala entre sus dedos. Antes de que pueda acercarme una mano en mi hombro me sobresalta.
- Pero si es la psicópata novata-otro muchacho de pelo... mas bien multicolor me sonríe cordialmente- ¡Hey chicos, mirad quién nos han enviado!- los otros dos me miran como si fuera algo sacado de un circo-
-Decían que era mas alta-dice el pelinegro-
-No tiene los ojos rojos. Ya no me gusta-dice la chica-
- ¿Ojos rojos?-los tres asienten al unísono- eso es mejor que el nombre-aguanto una carcajada-
-Te lo dije Cax-el pelinegro mira a la chica- tiene sentido del humor.
-Nick...-el multicolor suspira divertido. Me alejo de él y me acerco al barracón. Hay muchas literas sin usar y un baño. Justo como las demás-
-No podemos decir que no tenemos mantas de sobra-dice Cax con ironía-Vlad. Te toca enseñarle esto-Cax vuelve a jugar con la bala-
-Pero...-Nick se ríe y yo miro a Vlad. Bueno, su pelo-Sígueme.

Me enseña el campo de tiro y las vitrinas con armas. También hay un pequeño almacén con sacos de boxeo y combas. Cuando termina de enseñarme el lugar, Nick le llama. Se va y yo me quedo a mi aire.
Voy a la litera del fondo y me tiro encima. Miro el techo y cierro los ojos.
Un ruido a mi derecha me hace incorporarme inmediatamente.
-No sabemos como te llamas-Cax me mira sonriente-
-Mía-asiente-
-A partir de hoy serás Miedo-frunzo el ceño-¿no pensarás qué me llamo Cax en serio, verdad?-se ríe y se asoma al borde de la puerta del barracón- ¡Ya le he dicho su nuevo nombre!-me río y bajo de la litera-
-¿Tenéis algún tipo de iniciación?-Vlad sonríe malvado y sonrío- tomaré eso como un sí.


Tres horas después y con media botella de vozka en el cuerpo, me hacen probar mi puntería con una pistola. Un asco. Pero todo cambia cuando me dan un rifle. Colocan una lata a cien metros y me dicen que le dispare. Cierro un ojo y todo me da vueltas. Suspiro y muevo mi cabeza a la vez que siento como se mueve el objetivo. Cansada de zarandearme disparo, de todos modos seguro que fallo.

- ¡Le ha dado!-grita Nick- ¡JODER!-se parte de risa. El también ha bebido demasiado-
- Ahora me gustas todavía más-Cax me da una palmada en el hombro-
- Creo que voy a morirme-gruño mientras me aprieto la sien. Me alejo un poco de ellos y me fuerzo el vómito. Oigo quejas a mi espalda, pero cuando termino estoy mucho mas despejada-
- Eso ha sido asqueroso-Vlad hace una mueca-
- No me gusta el alcohol-me limpio la boca y escupo al suelo-
- Bueno... ya eres una francotiradora-Cax sonríe- Bienvenida a la Mira, Miedo.

Ellos continuan la celebración y yo voy a darme una ducha. Me he manchado vomitando.
Cuando termino me tiro en la litera y cierro los ojos. Las cosas solo se ponen más interesantes si juego el juego de los demás.

Creo que va a ser interesante ver que juego se juega aquí.

jueves, 26 de marzo de 2015

Capítulo seis: Monstruo, o eso quiero creer.

Así, cuando llego la hora del circuito; por una vez en mi vida, me sentí preparada para lo que fuera. “Que equivocada estoy…” eso pensé antes de oír el chasquido en mi cabeza.
Mi mente se vuelve una blancura infinita y mi respiración tranquila, cojo el equipo que me ofrecen en una cutre mesa plegable de metal y suspiro.
 Comienzo con la prueba de tiro y la hago decentemente. Cuando termino me llevan a una especie de ring para hacer combates cuerpo a cuerpo. Para mi sorpresa gano todos. La peor parte llega cuando tengo que hacer una simulación de un ataque. La adrenalina llena mi sangre y entro en el circuito. No sé porque pero me muevo por instinto y termino destrozando los maniquíes.

Cuando salí de la prueba suspire con fuerza. Parece que me ha salido mejor de lo que pensé. Mientras caminaba perdida en mi mundo, alguien me golpea en la nuca. Pierdo el conocimiento rápidamente.
Cuando vuelvo en mí, estoy atada a una silla de pies y manos. La silla no se mueve. Suspiro para relajarme y espero en silencio. Observo a mí alrededor; parece una habitación no muy grande porque sólo hay una bombilla en el techo. La puerta se abre y aparece un muchacho que me suena de vista. Viene con un cuchillo en la mano, sonriente.

-          Veamos…-da una vuelta a mi alrededor- no eres gran cosa-sonríe-
-          Hola-saludo con tranquilidad. La adrenalina se ha disparado y me hace sentirme calmada y preparada para cualquier cosa-
-          Interesante-se sienta enfrente de mí-me han dicho que te gustan los cuchillos-me enseña en cuchillo militar. Su filo brilla letal- ¿quieres jugar?-sonríe maliciosamente-
-          De acuerdo-asiento con la cabeza-
-          ¿No preguntas que juego es?-niego- tu verás-coge el cuchillo y apunta a mi derecha. Miro hacia allí y veo Luz; la ira comienza a surgir en la boca de mi estómago- lanzaremos cuchillos. Gana quien le  corte un mechón de pelo-asiento-

Cojo el cuchillo y jugueteo con él en mi mano. Está descompensado… pero creo que puedo hacerlo. Suspiro y cierro los ojos. Apunto y lanzo. El grito de Luz desaparece cuando un mechón de pelo cae. El chico asiente y lanza el cuchillo. Éste se clava en el brazo de Luz. La sangre comienza a manar y ella llora de dolor.
Miro al chico y aprieto los puños. Aprovechando que estoy soltada de manos, lo agarro del cuello y hago presión. Intenta clavarme un cuchillo pero me atraviesa la palma de la mano que he usado para pararle. Cuando los ojos se le ponen blancos, uso el cuchillo de mi mano y me desato completamente. Cargo a Luz y salgo corriendo de allí. Oigo gritos y pisadas a mi espalda, pero corro con todas mis fuerzas.

Llego a una zona arbolada y nos subo a un árbol. Tapo su boca por si acaso. Los soldados que nos perseguían pasan de largo. Espero hasta asegurarme de que no nos encuentren.
Bajamos del árbol y caminamos. Cuando sale el sol me oriento hacia el este; dónde supongo que estará nuestro campamento. Pasan las horas y los árboles no desaparecen. Asique cargo en mi espalda a Luz y escalo un árbol. Estamos cerca del campamento. Bien.

Al caer la noche llegamos. Luz está débil por la pérdida de sangre, pero la atienden rápidamente. Cuando estaba a punto de entrar en la enfermería, Snipper me retiene.

-          ¿Dónde estabas?-le explico lo ocurrido y niega con la cabeza- esas eran unas prácticas sorpresa. ¿Mataste a tu examinador?-le miro impasible-
-          En esa circunstancia lo que más me preocupaba era Luz, además no me dio ninguna señal de que era amigo. Ahora, voy a curarme la mano-entro en la enfermería-
Cuando acaban con mi mano voy a ver a Luz. Mi cuchillo le araño la cabeza… me alejo de ella. Salgo a fuera y camino otra vez perdida en mi mundo. Cuando alguien aparece a mi espalda me giro sin dilación. Es Snipper.
-          Tu examinador no está muerto… del todo. Está en coma-asiento-
-          Creo que no puedo ir armada o enfrentarme a situaciones de peligro-me mira con el ceño fruncido-
-          Como tú dijiste era una situación en la que tú no sabías si morirías o no. No le des vueltas-asiento alejando esos pensamientos de mi cabeza- por cierto, tus resultados son de los mejores, enhorabuena-sonrío alegre y veo como se queda sorprendido-
-          Lo logré-digo en un susurro emocionado- muchas gracias, Snipper-sonrío y hago un movimientos para abrazarle pero me paro a medio camino- gracias, señor-me voy corriendo al almacén donde he estado entrenando y me pongo los guantes. Necesito deshacerme de esta adrenalina-


Cuando me pesa el cuerpo voy a pasear entre los barracones. La gente habla y comenta lo que pasó. Las miradas de temor y repulsión me acompañan hasta que me pierdo tras la esquina de la cafetería.  Me miro las manos y suspiro; si esto es lo que soy, no pienso cambiar.

miércoles, 17 de septiembre de 2014

Capítulo cinco: Seguridad

Bueno, mejor dicho; no tener miedo a matar a desconocidos. Sé que suena raro, pero juzgar a una persona sin conocerla y dictar su muerte es más cruel de lo que parece. Con estos pensamientos rondándome la cabeza, me pongo un protector bucal y el casco. Snipper me espera dentro de un ring delimitado por unas finas líneas blancas pintadas sobre el suelo.

Entro en el ring e inspiro hondo. Tres segundos después, mi cabeza se mueve hacia atrás por el impacto del puñetazo de Snipper. Sin mirarle y sin forzar un movimiento en mi cabeza, adopto una postura defensiva. Snipper me golpea las costillas doloridas de la jugarreta de hace dos noches y el aire de mis pulmones se esfuma. Sólo presa de una impotencia atroz, hago un rápido y certero golpe con el puño. Le asesto en la oreja. Recula unos instantes y le vuelvo a golpear esta vez en el hombro, sigo sin ser buena usando los puños. Veo como se tensa su otro hombro y preparo mi cuerpo para el impacto. El golpe hace que la vista se me nuble por el dolor.
Entonces lo oigo; un ligero chasquido que reverbera en mi cabeza. Algo acaba de romperse de manera incurable. Cierro los ojos preparada para dejar de respirar, pero noto como mi puño golpea algo. Abro los ojos y me encuentro con que he conectado un golpe en las costillas de Snipper. Su sorpresa sólo sirve para inyectarme tal cantidad de adrenalina en la sangre que la sensación de hace uno segundos me invade. Mis puños le golpean y otros fallan, pero mis movimientos son naturales y nada forzados.
-          Para-me quedo quieta y con esa sensación adherida al cuerpo. Me siento eufórica y a la vez aturdida- es una sorpresa tu talento innato para el combate cuerpo a cuerpo, aunque el talento no es nada sin técnica-se quita el casco y el protector bucal. Se acaricia el mentón y asiente- mañana vendrá un sargento. Se encargará de hacerte un soldado.
Así, cuando llego la hora del circuito; por una vez en mi vida, me sentí preparada para lo que fuera.

 Tengo pocos recuerdos después de esa conversación. Mientras entrené con ese sargento de nombre desconocido, mejoré mucho. Gané cierta musculatura y aprendí a batir a un enemigo superior en fuerza y en altura. Pero de lo que más me sorprendí, es de mi aguante corriendo. Esa sorpresa hizo que me habituara a salir a correr todas las mañanas, en cuanto rayaba el alba.

lunes, 15 de septiembre de 2014

Capítulo cuatro: El primer escalón

Dejo la bandeja vacía y vuelvo al destartalado almacén. Repito lo mismo de antes, hasta que me quedo sin fuerzas y tirada en el suelo.

El olor a sudor inunda el aire, y no me trae buenos recuerdos. Me levanto con un gran esfuerzo y salgo al exterior. Apoyo la cabeza contra el marco de la puerta. El cielo está parcialmente cubierto por nubes, pero las estrellas siguen siendo visibles. Me desperezo y suspiro. Tengo sueño, pero debería darme una ducha. Busco con la mirada cualquier signo de actividad en los barracones: nada. Me acomodo contra la pared y cierro los ojos.

No sé cuánto tiempo ha pasado, pero mi cerebro me obliga a despertar. Abro los ojos y veo como soldados que parecen ser de élite caminan en completo silencio. Esta vez van preparados para entrar en combate. Mi cerebro activa la alarma de peligro y mis instintos salen a la superficie. No me muevo ni un ápice. No hay mucha luz, pero los ojos humanos captan antes el movimiento que las imágenes; eso dicen. 
Intento distinguir alguna cara pero deben llevar el rostro tapado, pues sus caras son negras por completo. Parece que actúan como un escuadrón de reconocimiento de esos de las películas… Antes de poder sacar alguna conclusión, un cuchillo se instala bajo mi garganta. Una respiración serena golpea mi oreja.
-         No hagas ningún ruido-el cuchillo se afianza más cerca de mi cuello, si puede ser posible- si me has entendido asiente-asiento lentamente- ¿qué haces despierta y fuera de los barracones a esta hora?
-          Estuve entrenando y me quede dormida-por el rabillo del ojo intento hacerme una idea de su aspecto. Lleva un pasamontañas negro, equipo de radio por pinganillo y pareces que un rifle de precisión a la espalda; aunque no lo puedo asegurar-
-          ¿No esperarás que me crea algo semejante?-el cuchillo muerde mi piel y la ira empieza a bullir en mi estómago-

-          Nadie ha dicho que tengas que creerlo-ladeo la cabeza ligeramente y le miro a los ojos- vamos mátame. Lo harás de todos modos, no pueden quedar testigos-le desafío con la mirada. Mis instintos hablan por mí-
-          No pienso caer en ese truco tan viejo-cojo un puñado de tierra en mi mano-
-          Qué pena-le lanzo la tierra a los ojos y salgo corriendo. Oigo como maldice y comienza a correr detrás de mí-
Esprinto hasta el comedor y me escondo entre los electrodomésticos y la plancha. He cogido un cuchillo delgado pero bien afilado. La sangre me palpita en la cabeza y siento el corazón en la garganta. La adrenalina aumenta conforme los pasos se oyen más cerca. Me mantengo estática, hasta que entra en la cocina.

Se acerca hacia mí, pero en vez de verme me da la espalda. Agarro con fuerza el cuchillo y lo clavo en el cuello. Saco el cuchillo lleno de espesa sangre y el soldado cae con un golpe seco al suelo. No está muerto, pero otra puñalada en el otro lado del cuello acaba con su agonía.
El sonido de más pasos, hace que la adrenalina en mi sangre se dispare. Me escondo cerca de la puerta de la cocina y espero. Cuando otro soldado entra, no hago ruido. Me agacho ligeramente y le sigo hasta que descubre el cuerpo de su compañero. Coge la radio. Justo antes de informar de lo ocurrido; paso el cuchillo por su garganta horizontalmente. Oigo sus gorgoteos antes de morir, y me estremezco ante mi falta de duda.
No dejo la cocina y me oculto debajo de la plancha.Cuando el sol despunta, un soldado raso de un barracón aparece. Se encuentra con los cadáveres y me hace salir de mi escondrijo. Snipper no tarda mucho en aparecer. Me mira de arriba abajo y yo le miro con parsimonia. Sé que viene después de esa mirada, una visita al despacho del teniente. Cuando entro los ojos del teniente se estrechan hasta formar dos diminutas rendijas.

-          María Piero, pelotón número nueve-anuncia Snipper- anoche eliminó a dos intrusos en la cocina del comedor.
-          María siéntese-señala una silla sencilla de madera. Le obedezco- bien, me gustaría hacerle un par de preguntas. ¿Eran fuerzas extranjeras?
-          Hablaban español, no tuve oportunidad de oírles hablar en otro idioma; señor-aprieto con fuerza el mango del cuchillo. No pienso volver a ir desarmada-

-          Entiendo-frunce el ceño y entrelaza las manos por delante de su rostro- ¿podrías darnos algún detalle de su aspecto o manera de actuar?
-          Creo que era una patrulla de reconocimiento, aunque no puedo asegurarlo. No sé el número exacto de intrusos, pero llevaban equipamiento de ejército de tierra.  No pude ver ningún rostro, llevaban pasamontañas. No sé nada más, señor-le miro a los ojos, sin expresar nada-

-          ¿Cómo los detectaste?-se recuesta en el respaldo de su asiento-
-          Estaba durmiendo al aire libre, me desperté y uno de ellos me colocó un cuchillo en el cuello. Conseguí zafarme de él y me escondí en las cocinas del comedor. Debido a mi tamaño no me vio y le apuñale dos veces en el cuello. El segundo entro buscándole; le corté el cuello antes de que pudiera dar cuenta de la baja o de su posición; señor-pestañeo y caigo en la cuenta del aspecto que debo ofrecer. Manos llenas de sangre y cara con salpicaduras. Ni un solo rasguño y aspecto relajado. Una psicópata-

-          Gracias, puedes irte-me levanto sin tocar la silla y salgo de la habitación seguida de Snipper. Me lleva a mi barracón-
Entro en la ducha y dejo el agua correr. La sangre se va por el sumidero poco a poco, junto con mi coraza de tranquilidad. No es la primera vez que mis manos se manchan de sangre, pero esta vez no he sido presa de una ira ciega. Me visto y enfrento la mirada de Snipper.
-          Debes seguir entrenando. Esta vez practicaras el combate cuerpo a cuerpo, yo seré tu oponente- esas palabras inyectan adrenalina en mi sangre. Aprieto los puños y le sigo hasta el almacén-
He superado mi primer escalón; no tener miedo a matar.