Translate to...

miércoles, 17 de septiembre de 2014

Capítulo cinco: Seguridad

Bueno, mejor dicho; no tener miedo a matar a desconocidos. Sé que suena raro, pero juzgar a una persona sin conocerla y dictar su muerte es más cruel de lo que parece. Con estos pensamientos rondándome la cabeza, me pongo un protector bucal y el casco. Snipper me espera dentro de un ring delimitado por unas finas líneas blancas pintadas sobre el suelo.

Entro en el ring e inspiro hondo. Tres segundos después, mi cabeza se mueve hacia atrás por el impacto del puñetazo de Snipper. Sin mirarle y sin forzar un movimiento en mi cabeza, adopto una postura defensiva. Snipper me golpea las costillas doloridas de la jugarreta de hace dos noches y el aire de mis pulmones se esfuma. Sólo presa de una impotencia atroz, hago un rápido y certero golpe con el puño. Le asesto en la oreja. Recula unos instantes y le vuelvo a golpear esta vez en el hombro, sigo sin ser buena usando los puños. Veo como se tensa su otro hombro y preparo mi cuerpo para el impacto. El golpe hace que la vista se me nuble por el dolor.
Entonces lo oigo; un ligero chasquido que reverbera en mi cabeza. Algo acaba de romperse de manera incurable. Cierro los ojos preparada para dejar de respirar, pero noto como mi puño golpea algo. Abro los ojos y me encuentro con que he conectado un golpe en las costillas de Snipper. Su sorpresa sólo sirve para inyectarme tal cantidad de adrenalina en la sangre que la sensación de hace uno segundos me invade. Mis puños le golpean y otros fallan, pero mis movimientos son naturales y nada forzados.
-          Para-me quedo quieta y con esa sensación adherida al cuerpo. Me siento eufórica y a la vez aturdida- es una sorpresa tu talento innato para el combate cuerpo a cuerpo, aunque el talento no es nada sin técnica-se quita el casco y el protector bucal. Se acaricia el mentón y asiente- mañana vendrá un sargento. Se encargará de hacerte un soldado.
Así, cuando llego la hora del circuito; por una vez en mi vida, me sentí preparada para lo que fuera.

 Tengo pocos recuerdos después de esa conversación. Mientras entrené con ese sargento de nombre desconocido, mejoré mucho. Gané cierta musculatura y aprendí a batir a un enemigo superior en fuerza y en altura. Pero de lo que más me sorprendí, es de mi aguante corriendo. Esa sorpresa hizo que me habituara a salir a correr todas las mañanas, en cuanto rayaba el alba.

lunes, 15 de septiembre de 2014

Capítulo cuatro: El primer escalón

Dejo la bandeja vacía y vuelvo al destartalado almacén. Repito lo mismo de antes, hasta que me quedo sin fuerzas y tirada en el suelo.

El olor a sudor inunda el aire, y no me trae buenos recuerdos. Me levanto con un gran esfuerzo y salgo al exterior. Apoyo la cabeza contra el marco de la puerta. El cielo está parcialmente cubierto por nubes, pero las estrellas siguen siendo visibles. Me desperezo y suspiro. Tengo sueño, pero debería darme una ducha. Busco con la mirada cualquier signo de actividad en los barracones: nada. Me acomodo contra la pared y cierro los ojos.

No sé cuánto tiempo ha pasado, pero mi cerebro me obliga a despertar. Abro los ojos y veo como soldados que parecen ser de élite caminan en completo silencio. Esta vez van preparados para entrar en combate. Mi cerebro activa la alarma de peligro y mis instintos salen a la superficie. No me muevo ni un ápice. No hay mucha luz, pero los ojos humanos captan antes el movimiento que las imágenes; eso dicen. 
Intento distinguir alguna cara pero deben llevar el rostro tapado, pues sus caras son negras por completo. Parece que actúan como un escuadrón de reconocimiento de esos de las películas… Antes de poder sacar alguna conclusión, un cuchillo se instala bajo mi garganta. Una respiración serena golpea mi oreja.
-         No hagas ningún ruido-el cuchillo se afianza más cerca de mi cuello, si puede ser posible- si me has entendido asiente-asiento lentamente- ¿qué haces despierta y fuera de los barracones a esta hora?
-          Estuve entrenando y me quede dormida-por el rabillo del ojo intento hacerme una idea de su aspecto. Lleva un pasamontañas negro, equipo de radio por pinganillo y pareces que un rifle de precisión a la espalda; aunque no lo puedo asegurar-
-          ¿No esperarás que me crea algo semejante?-el cuchillo muerde mi piel y la ira empieza a bullir en mi estómago-

-          Nadie ha dicho que tengas que creerlo-ladeo la cabeza ligeramente y le miro a los ojos- vamos mátame. Lo harás de todos modos, no pueden quedar testigos-le desafío con la mirada. Mis instintos hablan por mí-
-          No pienso caer en ese truco tan viejo-cojo un puñado de tierra en mi mano-
-          Qué pena-le lanzo la tierra a los ojos y salgo corriendo. Oigo como maldice y comienza a correr detrás de mí-
Esprinto hasta el comedor y me escondo entre los electrodomésticos y la plancha. He cogido un cuchillo delgado pero bien afilado. La sangre me palpita en la cabeza y siento el corazón en la garganta. La adrenalina aumenta conforme los pasos se oyen más cerca. Me mantengo estática, hasta que entra en la cocina.

Se acerca hacia mí, pero en vez de verme me da la espalda. Agarro con fuerza el cuchillo y lo clavo en el cuello. Saco el cuchillo lleno de espesa sangre y el soldado cae con un golpe seco al suelo. No está muerto, pero otra puñalada en el otro lado del cuello acaba con su agonía.
El sonido de más pasos, hace que la adrenalina en mi sangre se dispare. Me escondo cerca de la puerta de la cocina y espero. Cuando otro soldado entra, no hago ruido. Me agacho ligeramente y le sigo hasta que descubre el cuerpo de su compañero. Coge la radio. Justo antes de informar de lo ocurrido; paso el cuchillo por su garganta horizontalmente. Oigo sus gorgoteos antes de morir, y me estremezco ante mi falta de duda.
No dejo la cocina y me oculto debajo de la plancha.Cuando el sol despunta, un soldado raso de un barracón aparece. Se encuentra con los cadáveres y me hace salir de mi escondrijo. Snipper no tarda mucho en aparecer. Me mira de arriba abajo y yo le miro con parsimonia. Sé que viene después de esa mirada, una visita al despacho del teniente. Cuando entro los ojos del teniente se estrechan hasta formar dos diminutas rendijas.

-          María Piero, pelotón número nueve-anuncia Snipper- anoche eliminó a dos intrusos en la cocina del comedor.
-          María siéntese-señala una silla sencilla de madera. Le obedezco- bien, me gustaría hacerle un par de preguntas. ¿Eran fuerzas extranjeras?
-          Hablaban español, no tuve oportunidad de oírles hablar en otro idioma; señor-aprieto con fuerza el mango del cuchillo. No pienso volver a ir desarmada-

-          Entiendo-frunce el ceño y entrelaza las manos por delante de su rostro- ¿podrías darnos algún detalle de su aspecto o manera de actuar?
-          Creo que era una patrulla de reconocimiento, aunque no puedo asegurarlo. No sé el número exacto de intrusos, pero llevaban equipamiento de ejército de tierra.  No pude ver ningún rostro, llevaban pasamontañas. No sé nada más, señor-le miro a los ojos, sin expresar nada-

-          ¿Cómo los detectaste?-se recuesta en el respaldo de su asiento-
-          Estaba durmiendo al aire libre, me desperté y uno de ellos me colocó un cuchillo en el cuello. Conseguí zafarme de él y me escondí en las cocinas del comedor. Debido a mi tamaño no me vio y le apuñale dos veces en el cuello. El segundo entro buscándole; le corté el cuello antes de que pudiera dar cuenta de la baja o de su posición; señor-pestañeo y caigo en la cuenta del aspecto que debo ofrecer. Manos llenas de sangre y cara con salpicaduras. Ni un solo rasguño y aspecto relajado. Una psicópata-

-          Gracias, puedes irte-me levanto sin tocar la silla y salgo de la habitación seguida de Snipper. Me lleva a mi barracón-
Entro en la ducha y dejo el agua correr. La sangre se va por el sumidero poco a poco, junto con mi coraza de tranquilidad. No es la primera vez que mis manos se manchan de sangre, pero esta vez no he sido presa de una ira ciega. Me visto y enfrento la mirada de Snipper.
-          Debes seguir entrenando. Esta vez practicaras el combate cuerpo a cuerpo, yo seré tu oponente- esas palabras inyectan adrenalina en mi sangre. Aprieto los puños y le sigo hasta el almacén-
He superado mi primer escalón; no tener miedo a matar.