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jueves, 21 de agosto de 2014

Capítulo tres: ¡Qué se abran las puertas del infierno!

A la mañana siguiente me despierto y me incorporo movida por el miedo. Miro a mi alrededor;  todos están levantándose con pereza y un muchacho que me sacará unos siete años, se me queda mirando y se acerca sonriente.
-         Hola-me saluda y se pone enfrente mío--          Hola-respondo sin más-
-        ¿Cómo te llamas?-dice interesado-
-          Mía-le miro a los ojos. Tiene los ojos de un color castaño opaco-
-          Jaime-me tiende la mano y veo que tiene varios tatuajes-
-       … -le mantengo la mirada. Sonríe divertido- veo que todos sois más mayores que yo…-miro a mi  alrededor-
-         -Así es, llevamos varios años más que tu aquí-suspira- al menos quedamos más de la mitad de los originales;  aunque nos juntaron a dos barracones por los problemas con ciertas personas…-se queda pensando en sus  cosas cuando un chico de su misma edad le da una palmada en la espalda-
-         -Ligando tan temprano…-dice meneando la cabeza divertido- soy Sarus- sonríe-
-          Mía-poso mi mirada en él y me sorprende ver que tiene un ojo azul profundo y el otro verde oscuro-
-         -Novata, toca clase-dice Snipper desde el marco de la puerta- venga-salto de la litera y me toco las  costillas. Todavía me duelen…salgo al exterior y le sigo mientras me pregunto qué me esperará hoy- hoy te  tocan ejercicios físicos. Dentro de unas semanas os evaluarán mediante un circuito de obstáculos. Y cómo  sabrás con tu condición física no durarás mucho más-se para enfrente de una especie de almacén  destartalado- utilizarás este lugar para entrenar-abre la puerta-
-         ¿Sola?-estudio el interior del almacén. Hay un saco de arena, combas, un par de guantes, pesas…-
-          Exactamente. Te he dado más tiempo que a los demás, pero porque creo que podrías superarlo. Aunque  será el primer desafío en tu instrucción. Las cosas se volverán cada vez más complicadas-cruza los brazos y  me mira. Es más alto que yo y tiene que bajar la mirada- suerte.
-          -Gracias, señor-entro en el almacén y Snipper cierra la puerta. El interior es frío, así que me quito las botas y  hago un par de estiramientos. Tengo los pies lo suficientemente duros como para andar descalza-

Me acerco a la comba y empiezo a saltar. Primero despacio y poco a poco, con más brío. Hacía mil años que no utilizaba una comba… salteo las piernas al saltar, doble salto. Cuando mis piernas protestan, me pongo unos guantes sin dedos y me planto frente al saco de arena. Planto los pies en el suelo y comienzo a golpear con fuerza el saco. Intento hacer combinaciones pero no sé. Así que me limito a ejercitar mis brazos. Tengo poco tiempo para mejorar. Necesito aire fresco, iré a correr un rato. Me calzo y salgo del almacén. Me paso las manos por la cabeza y suspiro. Comienzo a correr por la misma ruta que hoy hemos hecho con Snipper. Me falta el aliento y más de una ocasión pienso en rendirme; pero tengo que superar esto. Cuando vuelvo al almacén el sol está escondiéndose. Hora de comer.
El comedor está plagado de gente y el olor a comida recién hecha, golpea mis fosas nasales. Cojo una bandeja y me acerco a la cola. Esta vez no tengo que esperar mucho. Cuando me siento, uno de los chicos de mi nuevo barracón se sienta enfrente de mí.
-          Hola Mía-sonríe y arranca un pedazo a su mendrugo de pan-
-          Tú eras…-no consigo recordar su nombre, aunque tampoco me moleste en escucharle cuando me habló-
-         Sarus-mastica parte de su cena- no eres especialmente sociable, ¿no crees?
-       Tampoco es que me importe mucho ser sociable, después de todo están formando soldados-suspiro. La  comida repentinamente me sabe a papel-
-          Ya veo que “la comida papel” ha hecho su aparición-se ríe divertido- ocurre siempre al principio. Con el  tiempo te acostumbrarás a esta comida tan insípida-coge su bandeja y se levanta- nos vemos.
Se aleja y deja el comedor. Paseo la mirada por el lugar, absorbiendo cualquier información valiosa. Veo a Snipper y sus colegas comer en una mesa apartada de los demás. No sé porqué, pero tengo la sensación de que no son soldados corrientes. Siempre van con sus armas al hombro o cerca, y jamás los he visto sin esas radios. El otro chico del barracón capta la dirección de mi mirada y sonríe.
-          Son soldados de élite. Luchan a un nivel distinto de cualquier soldado; valen por diez soldados normales.
-Con que soldados de élite…- en ese momento descubrí que ponerse metas, es tan sencillo como soñar-
 Mi meta será convertirme en soldado de élite, pero antes debo sobrevivir al adiestramiento. Y eso no va a ser tan fácil, ni siquiera con más tiempo para entrenar.