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jueves, 24 de septiembre de 2015

Capítulo nueve: Primera misión

Tras ver cómo va a ser mi habitación, compuesta por una cama y una mesa pequeña, me llaman al despacho de mi superior de unidad.
El lugar el silencioso y tranquilo, lo que significa que una tormenta anda cerca. Paro frente a la puerta del coronel y toco con los nudillos a la puerta.
- Pase-la voz del interior es joven y masculina. Agarro el pomo y entro en el despacho. Lo primero que veo es el arma sobre la mesa y un pasaporte negro- Sientese-obedezco sin mediar palabra- Le he hecho llamar porque tenemos una misión para usted-me tiende una carpeta- estas son sus instrucciones-abro la carpeta y ojeo su interior- iremos a Austria. Hay una zona de conflicto y necesito alguien que vigile una conferencia personal-asiento- ¿algún problema?
- No señor, lo único que no está escrito es que tipo de arma podré usar-asiente lentamente antes de suspirar-
- No le permitiré usar armas hasta que un psicólogo le haga un chequeo. Su historial tiene muchas lagunas y podría asegurar que sufrió una violación, según palabras de Simon-asiento impasible. Ya me da igual todo-
- De acuerdo, entonces si no necesita nada más-me levanto-
- Búsquese algo de ropa femenina. Esta misión requiere que nadie sepa de nuestras intenciones y estatus-asiento y salgo del despacho-

Pregunto a una secretaria cercana donde puedo encontrar ropa mas femenina que lo que llevo puesto. Ella me sonríe divertida, pese a que lo he dicho con seriedad. Me recomienda una tienda que lleva una sargento, suelen vender ropa bastante femenina.
Siguiendo sus indicaciones llego a un pueblo cercano. Me sorprende el estado del pueblo, las ruinas no cubren las calles y tampoco hay ratas por las calles. Suspiro nostálgica y observo el escaparate de la tienda que me ha dicho la secretaria. No mentía, es ropa muy femenina... pero no sé si podré esconder algo en ese tipo de ropa.
Entro en la tienda y me acerco a la caja.
- Hola, querría comprar algo de ropa. ¿Qué crees que puede quedarme bien?-la pregunta pilla por sorpresa a la chica que está tras la caja-
- ¿No sabe que podría gustarle?-niego y oigo pasos con tacones a mi espalda. Me giro y me encuentro con la sargento, se nota a lo lejos su instrucción militar-
- ¿Qué ocurre?-posa su mirada en mí y noto algo frío caerme por la espalda. ¿Sudor frío?-oh, asique te envían a comprarte algo que no deje tan claro que eres militar pero no piensan que vas rapada-rueda los ojos y sonrío-
- Siempre puedo llevar peluca, señora-la última palabra me ha salido fría. Me lanza una mirada molesta y asiente sin ganas-
- Sí, lo primero es buscarte algo que te quede bien. Pasa a un probador y ponte la ropa que te lleve. Dudo mucho que sepas sobre moda femenina-camino hasta el probador y me quedo en ropa interior- toma este sujetador, te hará falta para no parecer una prostituta-cojo el sujetador y tras mucho tiempo, vuelvo a notar el pecho sujeto. Casi olvido lo que es ésta sensación-

Tras varios intentos fallidos debido a mis caderas estrechas y cintura más estrecha aún, encuentro algo que me queda bien. Es un vestido ajustado y por la mitad del muslo. La coronel se sorprende al verme salir con el vestido puesto.
- Esto si que es una sorpresa, creo que hemos encontrado algo que te hace parecer mujer-le lanzo una mirada con desdén-
- Puede guardarse su sarcasmo para quién lo quiera, señora-escojo unos zapatos y me los pongo. Pese a que me faltan dedos no voy incómoda- me llevo todo esto-pago y salgo de la tienda-



Paso de nuevo frente al despacho y toco a la puerta. Entro sin esperar una respuesta y le enseño la ropa.
- ¿Le parece suficientemente femenina?-asiente un tanto desconcertado con mi pregunta-
- Saldremos esta noche hacia allá en avión. Preparé una bolsa para dos días, Mía-asiento y salgo-

En mi habitación encuentro algo de ropa sencilla pero de mujer. Lo meto en la bolsa negra de viaje y me doy una ducha.
A la hora acordada me dirijo hacia el avión. La ropa de mujer hace que parezca otra persona y no me equivoco al pensar en ello. Después de todo si que he cambiado, y creo que a peor. Monto en el avion y me siento frente al sargento.
- Veo que te han dado algo de tu talla-asiento- durante la misión nada de tratamientos en tercera persona y por favor, llámame Caleb-miro por la ventana aburrida-
- Llámame Mía, nada de órdenes-cierro los ojos y me preparo para dormir-


Despierto por un zarandeo. Caleb me despierta, hemos llegado. Me desperezo, agarro mi bolsa y salgo del avión. La ciudad alrededor del aeropuerto en el que estamos, es identica a lo que recuerdo de mi hogar. Bostezo y sigo a Caleb que habla de cosas que no me importan.
Al adentrarnos en la ciudad un niño se choca contra Caleb para luego irse, aunque lo paro a medio camino.
- Dame la cartera-el niño me mira asustado- te he visto cogérsela del bolsillo derecho del pantalón. Dámela-repito impasible. El niño me da la cartera y sale corriendo-
- Buenos ojos...-asiento y seguimos andando-

Como estoy acostumbrada a los escombros camino con tranquilidad, Caleb lo tiene un poco más complicado.
- Entonces...-me giro y veo que se pone a mi altura a duras penas- ¿a dónde vamos?
- A cenar, pero antes iremos a nuestro hotel-asiento y dejo que guie el camino-
- ¿Es un edificio cómodo?-asiente- mejor.

Tras dejar nuestras cosas y cambiarme, vamos a cenar. El restaurante el subterráneo y sólo se puede entrar con entrada pagada de antemano. Caleb se encarga de eso. Su contacto es una mujer voluptuosa y de pelo azabache. Cuando me mira puedo notar incomodidad, asique ceno ignorándola. Parece que la noche va a ser larga.