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viernes, 2 de octubre de 2015

Capítulo diez: Primera misión II

La comida de este lugar es bastante mejor de lo que he estado comiendo estos últimos años. Tanto Caleb como su contacto hablan sobre información seguramente confidencial. Nada interesante.
Mientras espero al camarero inspecciono el lugar en busca de algo que llame mi atención. Bingo. Hombre trajeado y con unas manos llenas de cicatrices antiguas, apoyado en la barra haciendo un barrido de la sala.

Me levanto de mi asiento y me acerco al hombre sin muchos miramientos. Me recorre con la mirada y me sonríe educadamente.
- Buenas noches-hago una ligera inclinación con la cabeza-
- Buenas noches-me acomodo a su lado y pido algo de beber-
- Le recomiendo la ginebra con limón, señorita-alzo una ceja-
- ¿Ginebra? No gracias, no me gusta el alcohol-sonrío- ¿algo interesante, Delta?-esta vez me mira sorprendido-
- ¿Reaper?-asiento-
- No parece haber ningún tipo de amenaza, al menos a simple vista-le miro a los ojos. Son azules profundo-
- Yo tampoco he visto nada mencionable-me apoyo en la barra y sonrío cuando me traen la tarrina de helado de fresa-
- ¿Helado?-asiento y degusto con añoranza la tarrina-
- Helado. Iré a la azotea a encargarme del punto de extracción. Empieza tu turno, Delta-me despido de Caleb con un movimiento de la cabeza y salgo del restaurante-


Pese a las órdenes de Caleb, pedi expresamente mediante un telegrama que Delta me trajese mi rifle. Siete balas por cargador y un alcance de 2.000 metros. Una maravilla matando.


Me coloco en posición y estudio la zona.


Las horas pasan sin movimiento de ninguna de las partes, hasta que veo como un francotirador se aposta en la azotea de un edificio cercano. Cambio de posición y apunto a su cabeza. Acompaso mi respiración con el disparo y... muerto.
Caleb y la morena ya han realizado la operación de intercambio. Delta desaparece con la morena y Caleb monta en el coche con Alfa. Todo ha salido.... un momento.

Miro por la mirilla y veo a un pequeño grupo de militares caminando entre los escombros. Van bien armados y se diriguen al hotel.
Mierda, Caleb va para allá y no tengo modo de ponerme en contacto con él.

Vuelvo a mirar por la mira y cuento el grupo. Seis. Sólo tengo cinco balas más... Habrá que hacerlo por el retrasado éste.
Uno por uno lo voy eliminando. En una esquina, en un cruce, en una ventana. tras un trozo de azotea, frente a una tienda consigo acertar a dos de ellos cuando hablan entre ellos.

Me levanto y guardo el rifle. Noto como una bala impacta contra la pared, rozandome la frente. Casi. Pongo cuerpo a tierra y me cambio de ropa en el momento. Esto se está saliendo de madre.

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